Genética y conservación
29/05/14 14:31

La pantera de Florida emerge del borde de la extinción

La pantera de Florida vive en el sur de Estados Unidos.
La pantera de Florida vive en el sur de Estados Unidos.

La pantera de Florida podría considerarse un 'ave fénix' resurgido de sus cenizas. Tras considerársela prácticamente extinguida, gracias a un programad e manejo genético se ha logrado recuperar su población. Este animal de pelaje color ocre solía ocupar todo el sudeste de los Estados Unidos, pero su caza masiva dede 1832 y la destrucción y fragmentación de su hábitat por la agricultura y la ganadería provocó que a mediados del siglo XX sólo sobreviviera una colonia aislada en los pantanos del Gran Ciprés. Este proceso llegó acompañado de la endogamia por el cruce entre parientes, el consiguiente deterioro genético, la pérdida de salud y el subsecuente aumento de las enfermedades. En la última etapa algnos de estos felinos presentaban malformaciones, unas internas y otras visibles.

En 1980 sólo quedaban entre 20 y 30 panteras, con lo que los científicos predijeron que se exitinguirían en el plazo de dos décadas. Parecía el fin de estos felinos. Sin embargo, los investigadores trataron de abordar el problema desde una perspectiva nueva, con un programa de cría en cautividad que no pudo llevarse a cabo: los machos que se capturaban no tenían testículos --no les habían bajado al saco escrotal y por tanto no eran fértiles--. Un estudio publicado en la revista Science en 2010 explicaba que en la década de los 90 en más del 80% de los machos nacidos no se producía el descenso de uno o ambos testículos, además muchos sufrían defectos de nacimiento que podían ser fatales como agujeros en el corazón y se constataba que durante sus vidas las panteras tenían que luchar contra muchos parásitos y enfermedades, por lo que la debilidad genética les perjudica en sus esperanzas de vida.

Llegado este punto, los científicos realizaron un último intento para salvar a la pantera de Florida, también conocida como puma del sudeste. Así, en 1995 trataron de reproducir un hecho que en otras épocas fue natural, la llegada de pumas de otros territorios de Estados Unidos que enriquecían la diversidad genética de la especie. Para ello trasladaron ocho hembras de puma desde Tejas, las cuales se cruzaron con los machos existentes dando lugar a nuevas camadas, paliando de este modo dos efectos negativos de las poblaciones reducidas: el deterioro genético y la endogamia.

Tres de las hembras tejanas murieron antes de poder cruzarse con los machos locales pero el resto tuvo hasta dos camadas cada una, con lo que la población se triplicó. Entre 1995 y 2007 el número y la densidad de las panteras en el área de la reserva del Gran Ciprés (con 2.174 kilómetros cuadrados de extensión) se ha incrementado sensiblemente de 3 a 25, es decir, de 0,1 panteras por cada 100 kilómetros a 1,1, según el estudio, dirigido por Warren Johnson, del laboratorio de Diversidad Genómica del Instituto Nacional del Cáncer. La población ha seguido creciendo hasta los 160 pumas, una cantidad superior a lo que puede asumir este territorio, dado que cada pantera necesita un amplísimo área para vivir.

Respecto a la situción de las nuevas generaciones, se ha incrementado sustancialmente el ratio de supervivencia, la diversidad genética se ha duplicado y los problemas genéticos generados por la endogamia se han reducido significativamente. De hecho, la población está ya bastante mezclada dado que no nacen pumas de Florida 'puros' desde 2005.

El doctor Robert Lacy, un genetista de poblaciones de la Sociedad Zoológica de Chicago, que ha estado involucrado en estudios de conservación mundiales, asegura que las panteras de Texas han podido contribuir aportando entre un 20 y un 30% del material genetico de la población actual de Florida, muy por encima de las expectativas iniciales  aunque sin llegar a ser de tanta importancia como para causar problemas.

El nuevo reto: falta espacio

Durante el proceso de recuperación se detectó un grave problema de salud, la presecia del virus de la inmunodeficiencia felina, cuya presencia entre estos animales aumentó de un 16 a un 80% entre 1995 y 2002. Tras cinco muertes documentadas, en 2003 todos los animales fueron caputrados y vacunados y desde entonces no se han registrado nuevas muertes. La presencia del virus no significa que vayan a desarrollar la enfermedad, pero predispone a otras enfermedades (debido al bajo número de linfocitos).

Además, en la actualidad la pantera de Florida tiene que afrontar otro reto: la falta de espacio. El área protegida del pantano del Gran Ciprés tiene sólo capacidad para albergar 100 panteras aproximadamente. Y según los científicos la población debe crecer hasta los 300 individuos para que pueda sostenerse por sí misma y salir de la zona de riesgo, explica Melody Roelke, de la Corporación Internacional de Aplicaciones Científicas. En su lugar, una vez que la población alcanzó los 110 habitantes, se estabilizó.

Los científicos consideran que se debe ayudar a comenzar una colonia al otro lado del río, dado que algunos machos han cruzado esta frontera aunqeu no lo han hecho las hembras. Las panteras son animales solitarios con grandes territorios. Un macho adulto reocrre un área de unos 260 kilómetros cuadrados, que puede compartir con las hembras, cuyos territorios ocupan áreas de hasta 86 km2.

Estas panteras del sudeste estadounidense pueden vivir entre 12 y 15 años en libertad, alcanzando una longitud de 2.15 metros (de la punta de la nariz a la cola) y unos 54.5 kilos. Las hembras son más pequeñas, de 1.85 metros y unos 34 kilos. Su dieta es carnívora y consiste en armadillos, cerdos salvajes, ciervos cerdos salvajes, ciervos y mapaches.

Los científicos estadounidenses reclaman políticas que preserven los territorios que ahora ocupa la pantera y se protejan nuevos terrenos, además de crear túneles en las autopistas para conectar rutas evitando accidentes de tráfico. Por último, han planteado la necesidad de mantener programas de seguimiento para vigilar los niveles de endogamia y también la existencia de sus principales presas, todo ello con el fin de lograr que la pantera de Florida pueda seguir habitando tierras estadounidenses.

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Genes y extinción

Cualquier cambio genético en una población en peligro de extinción puede aumentar el riesgo de desaparecer definitivamente. Se trata de grupos pequeños, que tienden a tener cada vez una menor diversidad genética, lo que supone reducir su capacidad de adaptación a los cambios del entorno, esencial para sobrevivir. Además, con tan pocos miembros, es inevitable la endogamia, que implica menor tasa de reproducción y supervivencia.

La genética, es pues clave. Por eso se está utlizando para evaluar la situación de poblaciones consideradas en peligro, una información que luego se utiliza para elaborar los planes de conservación. El objetivo: aumentar la biodiversidad y reducir la endogamia.

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